La memoria de las moléculas

Alumnos que guardan sus expedientes académicos bajo la esfera de su reloj, pacientes que conservan su historial médico dentro de la perla de un collar, bibliotecarios que almacenan en la patilla de unas gafas el contenido de más libros de los que serían capaces de leer en vida. El último avance en la ciencia de lo pequeño (nanotecnología) podría hacer realidad los sueños más futuristas en cuestión de 10 años.

Stanley Williams, director de los laboratorios de Física Cuántica en Hewlett Packard, lleva años investigando entre átomos, resistencias y corriente eléctrica. Su trabajo acaba de dar fruto en forma de chip molecular, “la memoria electrónica de mayor densidad construida hasta la fecha”. En otras palabras, un minúsculo circuito que podrá albergar 10 veces más información que cualquier otro chip.

Más allá del silicio

El chip molecular creado por Williams y su equipo resulta ser una pieza clave en la ‘nanorrevolución’. Para empezar, es ‘orgánico’. En lugar de emplear silicio, como los chips convencionales, lleva un interruptor compuesto por carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. Juntos, estos elementos componen las moléculas del circuito.

El proceso de fabricación del chip también es obra de los investigadores, que han creado un tipo de litografía propia. “La gente teme que la electrónica no evolucione debido a los altos costes que suponen la construcción de fábricas”, explica Williams. Sin embargo, la técnica de este químico para elaborar el circuito es extremadamente barata comparada con otras formas de impresión, y se puede realizar dentro del laboratorio.

Información ‘imperdible’

El pequeño circuito absorbe cantidades ingentes de información e incluye una especie de ‘servicio de búsqueda’. De poco sirve albergar las obras completas de Camilo José Cela si después no somos capaces de localizar un cuento en el ‘mare mágnum’ de datos. Williams se ha encargado de otorgar una especie de dirección postal a cada pieza (bit) para poder recuperarla en el futuro.

El químico estadounidense admite que cuando describe su trabajo, es fácil dejarse llevar por ideas más próximas a la ciencia ficción que a la realidad, pero asegura que los chips moleculares no son Star Trek, sino un experimento “dentro de los límites científicos probados”. Williams sabe que el futuro que imagina es posible, aunque todavía no tenga claro cómo o cuando llegará a nuestras vidas.

“Esto no es más que un experimento de laboratorio, no un producto”, recuerda. Sus chips moleculares no llegarán al mercado hasta dentro de 10 años, según sus cálculos. Y cuando lleguen, “sólo la imaginación limitará las aplicaciones” del invento. “No creo en los nanorrobots, pero sí que la nanotenología es capaz de mejorar prácticamente todos los productos creados por humanos”.

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