El podio de los ordenadores en red

Mientras en Corea del Sur un joven de 26 años ha muerto tras pasar 86 horas seguidas jugando con el ordenador (sin permitirse ni una pequeña pausa para comer o echarse una siesta), en Madrid 320 jóvenes se disputan este fin de semana una de las 11 plazas para la selección nacional de España de juegos on line. Con sus filias y sus fobias, los juegos de ordenador se abren camino para convertirse en un deporte más, con sus propias ciberolimpiadas.

La edición española de los Samsung World Cibergames ha reunido en España a más de 300 chavales —casi en su totalidad chicos, de entre 16 y 25 años— salidos de unas ronas clasificatorias que sólo en España han enfrentado a casi 2.000 jóvenes. Más de un millón de personas de 45 países han luchado por una plaza en la gran final de Corea, donde 300.000 euros esperan a los mejores.

El escenario de estas ciberolimpiadas españolas ha sido el centro comercial Equinoccio, de Majadahonda. Con su ordenador debajo del brazo, y armados con ingentes dosis de hamburguesas y Coca-Cola, los que lleguen hoy a la gran final habrán pasado por 10 eliminatorias, algunas de ellas a altas horas de la madrugada. Pero es que como explican desde la organización del evento, «son sus horarios habituales».

Y desde luego, a los chicos no les parece extraño, y menos teniendo en cuanta las horas diarias que dedican a su hobby. Abeja, por ejemplo, ha pasado de entrenar 12 horas diarias a ‘sólo’ hacerlo un par de ellas, que es más o menos la media de tiempo diario de juego para casi todos los chavales. «Es que ya no me hace tanta ilusión como el año pasado», dice. El fue de los afortunados que el año pasado viajó a Corea, pero allí no logró pasar de la primera fase.

Como todo campeonato que se precie, este tiene también sus particulares estrellas: Akiles y Sombra. Dos jóvenes imberbes que se disputan entre ellos desde hace años el título de mejor jugador nacional de Quake —uno de los seis juegos del torneo—, y que ya lograron el año pasado su clasificación para Corea.

Este año, todo el mundo les vuelve a dar como favoritos. Tanto, que incluso ellos mismos, enemigos delante del ordenador y amigos en cualquier otro lugar, ya tienen previstos los emparejamientos que les tocarán en Corea. «El que quede segundo aquí lo tendrá muy complicado en la fase final, porque tendrá que enfrentarse al mejor jugador estadounidense y al mejor ruso. En cambio, el primero tendrá serias opciones de llegar a los puestos de podio», asegura Akiles con una media sonrisa antes de su primera partida. Ni Camacho lo tenía tan estudiado antes de comenzar el Mundial.

Claro, que estos dos chavales son ya unos profesionales del asunto. Desde la temporada pasada, ambos cuentan con un esponsor que paga sus viajes a los torneos que disputan por todo el mundo. «No da para comer, no tenemos un sueldo, como tienen los estadounidenses o los asiáticos, pero al menos ya no lo pagamos de nuestro bolsillo», dice Akiles. En Estados Unidos los juegos on line se han convertido en un deporte de masas con estrellas que cobran millones por mostrar sus habilidades al teclado y firman autógrafos por doquier.

Las chicas, eso sí, brillan por su ausencia. Sólo tres han conseguido llegar hasta la final, aunque ninguna de ellas confía en vestir la camiseta nacional en Corea. Moon, por ejemplo, ha venido con su novio desde Marbella para demostrar que sus dos años dedicando tres horitas diarias disparando contra todo lo que se mueva en sus partidas de Unreal Tournament han servido de algo.

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