Con este brillante titular arranca un
articulo publicado
en Los Angeles Times, que continua diciendo que España
es el país de Picasso y las corridas (de toros) y, ahora, también,
de las descargas ilegales. Antes de entrar en el tema, conste
nuestra más profunda indignación por haber sido omitidos, seguro
que a propósito, para hacer daño, la pandereta, el jamón, la
paella, la tortilla de patatas y la bota de vino.

Por otro lado debemos recordar a esos
señores que allá ellos con sus leyes,
que por aquí manejamos otras que garantizan una serie de derechos,
como puede ser que nadie, incluyendo el Estado, tiene derecho
a matarte o el derecho a copia privada, aunque este último
sea un derecho “de pago” gracias al canon digital. Nuestra
Constitución no es perfecta, ni mucho menos, ni nuestras
leyes, pero si nos dan a elegir entre ellas y las suyas, no hay
color.

A todo esto, y debido a lo piratísimos
que somos, la industria de Hollywood se esta pensando
dejar de vender películas en España, mercado que da por
perdido después de que sus ventas hayan caído un 30%, en lo
que según sus fuentes, nada ha tenido que ver la crisis económica
mundial que, por cierto, se originó en la banca estadounidense, a
cuyo sistema se le puede achacar, sin más riesgo que el de quedarse
corto, el 75% de las últimas penurias.

Total, que cada loco con su tema, y el
nuestro es maravillarnos de que las presiones de ciertos grupos, sin
más poder que el de manejar cientos de miles de millones de dolares,
lleguen a manejar a su antojo los más altos estamentos que les
pillan cerca e intenten hacer los propio con otros más lejanos. Y ya
que lo consigan es de alucinar en tecnicolor.

Claro que después de que Los
Angeles Times
afirmen que la única manera de salvar el mercado
español es la ley Sinde, imaginando todo lo que no se ve ni
se publica, que es mucho, pasamos de alucinar para, simplemente, caer
en la resignación. Terminaremos bailándole el agua a las
multinacionales americanas y, bajo su batuta, buena parte de nuestro
dinero, compremos sus productos o no, terminará en sus manos.

Y si has sabido leer entre líneas
recuerda: CULTURA eres tú, no ellos.

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