La brecha territorial y la distribución de la banda ancha en España

Hace unos días se publicó el Tercer Informe Anual de Servicios e Infraestructuras elaborado por la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) y pronto han aparecido las primeras noticias comunicando los datos, los resúmenes del estudio y las conclusiones sobre el mismo; con ellas, las primeras reflexiones.

Las apariencias se dice que mienten, pero el algodón no engaña, y una valoración en profundidad de los resultados facilitados por la CMT deja dos conclusiones que destacan por encima del resto. La primera es que hemos crecido todos, y mucho, aunque no lo suficiente, dejando la media nacional en cuanto a penetración de la banda ancha en un 20,7 lineas por cada 100 habitantes; la segunda es que, muy a pesar de la liberalización de las telecomunicaciones y de que la competencia ha crecido y crecerá en el futuro, Telefónica/Movistar domina de forma aplastante.

Respecto a esta última conclusión, lo más evidente se encuentra en Ceuta donde la compañía lidera el mercado con mas de un 90%. Poco que ver con la situación en otras zonas donde la competencia es real, como en Madrid, donde los competidores alternativos (no cable) obtuvieron un interesante 32,1%. En total, la cuota media de Telefónica en todo el territorio español es de un 54,9%, casi 2 puntos por debajo que el año pasado, no por ello menos sangrante.
Pero lo que realmente hace herida es el primer
punto y, casualidades de la vida, es el que hemos dejado para el final.
Ese 20,7 por ciento no está nada mal. Hay que tener en cuenta que
hablamos de líneas y en el caso de la banda ancha no sucede todavía lo
mismo que en el caso de los teléfonos móviles. Aquí una familia con una
media de 3 o 4 personas pueden compartir una misma conexión; si además
excluimos a muchos de los que se sitúan al otro lado de la brecha
digital
, esos que no quieren ver un ordenador ni en pintura por las
cuestiones sociodemográficas que sean, lo cierto es que puede verse como
un dato aceptable. Eso sí, a distancia de la cabeza de Europa, porque
estas cosas avanzan lentamente. La parte negativa es que existe una
importante brecha digital ya no en las edades, lo cual sería lógico,
sino en función de la comunidad autónoma en la que nos situemos, y eso
es algo bastante más discutible y con responsables.

Es un motivo justificado acusar a la gran dominadora de las
telecomunicaciones (véase Telefónica de nuevo), ya que su inversión es
determinante para evitar esta brecha territorial. Faltan años para que
esa competencia feroz se desarrolle y probablemente no hay un culpable,
sino un cúmulo de situaciones, entre las cuales podía estar una baja
densidad de población o el abandono de ciertas zonas. Mal camino estamos
tomando si pretendemos que dejen de ser, precisamente, abandonadas.

En cualquier caso, algunas de estas excusas se caen cuando observamos
zonas como Murcia, muy distanciada en cuanto a banda ancha de sus
compañeros de la costa mediterránea. De un modo u otro, esto podría
llegar a ser un problema si toda la población no cuenta con las mismas
posibilidades de acceso a la banda ancha, por muy universal que pretenda
ser ya que, si no se suben al tren a tiempo, quizás en un futuro sea
demasiado tarde. Lo que no debería pasar por alto ningún responsable de
la materia en cada región es que entre Madrid (26,2%) y Cuenca (14,2),
tan pegaditas que están, hay una diferencia de de 12 puntos.

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