Parece que en la lista de los dispositivos que se gravaran con el canon digital, los grandes perjudicados van a ser los teléfonos móviles, o eso se va filtrando del contenido del borrador de la futura orden ministerial que han redactado, en consenso, los ministerios de Cultura e Industria.
Un engañoso primer alivio, que se puede sentir al pensar, erróneamente, que el producto en el que más piensan cebarse no pertenece, directamente, a nuestro ámbito informático, se desvanece, automáticamente, en cuanto caemos en la cuenta de que tenemos móvil.De acuerdo que no lo usamos para oír música, pero da igual, nos van a clavar de todas maneras, aquí todo el mundo usa el móvil para piratear, aunque demuestre lo contrario. Y acoquinaremos tres veces por falta de una: nos crujirán la cartera al comprar el terminal, nos volverán a sangrar al comprar la tarjeta microSD y, por supuesto, nos cobraran derechos cuando descarguemos algo que meter ahí.
Y, aunque estos dispositivos sean los más castigados, falta aun por saber el resto de la lista, que también recibirá su parte del embolado, aunque no sea con tanta saña. Miramos a nuestro alrededor, aquí, sentados ante nuestro ordenador, y vemos, aparte de las torres, con su grabadoras y su reproductores, un par de lapices USB, un lector de tarjetas, un par de routers, impresora, escaner, reproductor de MP3, algunas SD, maquina de fotos, televisión con DVD, el consabido móvil y dejamos de mirar, porque, en cada uno de ellos vemos, impresa en letras de fuego, la palabra RUINA. Y eso sin salir de esta habitación y sin abrir cajones. Mimaremos todas nuestras actuales posesiones de este tipo, porque reemplazarlas saldrá, dentro de nada, por un riñón.
Por cierto, la SGAE se queja de que las tarifas que se van a aplicar son más bajas de lo que pensaban, pero reconocen estar contentos con esta propuesta. Justo lo que faltaba para a acabar con nuestras últimas esperanzas de un canon discreto, injusto por indiscriminado, pero, por lo menos, discreto.