La SGAE usará su arma preferida

La legislación española
dice que quien tenga conocimiento, o sospechas, de un hecho
delictivo perseguible de oficio tiene obligación de
ponerlo en conocimiento de Fiscalía, Juzgado o Policía,
sin que ello suponga, en ningún momento, el tener que
mantener ni formalizar una acusación particular en
regla, y en eso se han basado al AI y la AUI en su
escrito
a la Fiscalía Anticorrupción. Obviamente es una
denuncia, pero amparada en la ley, y ni siquiera en un
derecho, sino, como decíamos, en una obligación
taxativa
.

Una manera de ver las cosas, a simple
vista, por lo menos para nosotros, profanos en la materia, totalmente
ajustada a derecho, pero, como es lógico, un prisma de vista
no compartido por todos.

Una manera de ver las cosas, a simple
vista, por lo menos para nosotros, profanos en la materia, totalmente
ajustada a derecho, pero, como es lógico, un prisma de vista
no compartido por todos.

Quizás os asombre que la SGAE
no esté de acuerdo con la actuación, en este caso, de
estas dos asociaciones de internautas, apoyadas por otras dos
de otros sectores, APEMIT y VACHE, pero, por extraño
que parezca, es así. En el seno de la sociedad recaudatoria
afirman que se trata de una manía persecutoria de
quienes ya han intentado, con anterioridad, menoscabar su honor y
dignidad.

Como es natural, entre las dos
alternativas que se le plantean a cualquiera en una situación
de este tipo, (a)dar las explicaciones pertinentes para
que desaparezca toda duda al respecto o (b)ignorar el
tema, con la seguridad de que ninguna investigación puede
perjudicarlos, la SGAE va a recurrir
a la tercera, la que los seres humanos normales adoptan, o no,
cuando ya ha terminado toda la primera fase y ha salido a relucir la
verdad: demandar a los denunciantes por, valga la redundancia,
denuncia falsa, un sistema que, según nos asegura un
conocido, mexicano y gran defensor del peyote él, se conoce en
Estados Unidos como The Akojone´s Sistem.

Ignoramos, por ahora, el nombre de esta
figura legal en castellano. De todas maneras, si de algo estamos
seguros es que no se sentirán incómodos en la vista del
juicio, se pasan la vida allí, como demandantes, y estarán
familiarizados con la parafernalia.

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