ARM también abandona a Huawei. ¿Debe preocuparse?

Respondo rápido al titular: sí, pero tampoco es algo insalvable. Aunque, primero, pongámonos en situación.

ARM es una empresa británica que produce diseños de arquitecturas para microchips, los cuales licencia a los fabricantes, que a su vez los implementan en sus diseños con un cierto grado de libertad (y, de ahí, que unos ofrezcan un mejor rendimiento que otros).

De esta forma, los Snapdragon de Qualcomm, los Exynos de Samsung, o los Axx Bionic de Apple, se basan todos ellos en la arquitectura ARM, a la cual los respectivos fabricantes añaden sus toques diferenciadores. De la misma forma, los Kirin de Huawei también se basan en la misma arquitectura.

Y ARM, ayer mismo, anunció que cortaba lazos comerciales con Huawei; la empresa británica repartió un comunicado interno entre sus trabajadores indicándoles que, a partir de ahora, dejan de hacer honor a sus contratos y, por lo tanto, les instaba a dejar de traspasar información y de ofrecer cualquier servicio a la fabricante china.

Huawei puede buscar una alternativa a Android, incluso que sea compatible con el sistema de Google, pero ¿qué hará sin poder utilizar la arquitectura ARM, sin poder desarrollar sus chips?.

Sería necesario revisar la letra pequeña de los contratos que, hasta ahora, la marca ha firmado con ARM, pero si estos no limitan el uso de la tecnología transferida hasta la fecha, nada impide a Huawei a seguir desarrollando su arquitectura a partir de la ARM, aunque esta sea divergente en el futuro.

La clave continúa siendo la compatibilidad de las apps de Android, y eso se puede conseguir sin tener que trabajar con una arquitectura hardware determinada (por lo menos en teoría), ya que las apps no se ejecutan directamente sobre el sistema operativo, si no sobre una capa intermedia, la llamada máquina virtual (una suerte de intérprete). En principio (y, repito, en teoría) debería ser posible reescribir esta máquina virtual para que mantuviera la compatibilidad con las apps Android y fuera compatible con el nuevo sistema operativo sobre un hardware también nuevo.

No es fácil, este es el gran problema, pero ahora mismo sólo podrían hacerlo un puñado de empresas en el mundo: Samsung, Apple y, naturalmente, Huawei. El mercado acabará aceptando la plataforma por el software y el rendimiento.

Y pese a que la multinacional china presume de no requerir la tecnología norteamericana, lo que se dice en los mentideros de Internet es que está buscando solucionar el tema de ARM de forma activa. Porque, poder, podría superarlo, pero con los frentes que tiene abiertos, le iría mejor no tener que hacerlo.

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